19 febrero 2018

El destete (y ya dejo de hablar de tetas, lo prometo)

Destetar a Bebé-kun fue más fácil que destetarme a mí.
A medida que iban pasando los días, empecé a notarme hinchada, afiebrada, confundida y desorientada; y luego empezaron las nauseas, los calambres y el dolor abdominal.
Cuando anunciaba que Bebé-kun había dejado la NETITA la gente me preguntaba "¿cómo te sientes?", y yo siempre respondía "embarazada".
J*d*r.
Me sentía embarazada.
Aguanté unos días y al final me rendí y me fui al médico.
-¿Qué tal estas Lorz?
-Bien, gracias, ¿y usted?
-...
-Ay, perdón, que siempre se me olvida que la pregunta es en serio. Pues estoy un poco regular porque he dejado de dar el pecho. POR FIN.
-¿Todavía le dabas el pecho?
-Sí.
-POR EL AMOR DE DIOS, LORZ, ¿PERO QUÉ EDAD TIENE NENA-CHAN?
-Cinco años y medio.
-Madre del amor hermoso...
-Pero al que he destetado es al pequeño, que tiene treinta meses.
-Ah, vale. Los sustos que me das, maja...
-Me encuentro muy mal. Creo que tengo las hormonas totalmente turuletas.
-¿Y has pensado en volver a tomar la píldora?
-¡Jajaja! ¿Para qué?
Si ZaraJota y yo apenas dormimos en la misma cama. Por no hablar de dormir solos en la misma cama. Y quizá debamos reformular lo de dormir. 
-Para regularte un poco las hormonas.
-Ah, para eso. No me lo había planteado. Vale.
-Pues te voy a recetar la píldora y una pastilla para el destete.
-Vale, vale.
-La leche que ya tienes no te la va a quitar, pero te va a ayudar a regular los síntomas. ¿Necesitas algo más?
-Pues ahora que lo dice no he comprado el pan.
-Adiós, Lorz.
De verdad creo que mi médico tiene un problema con las preguntas retóricas...
Me fui a la farmacia con las dos recetas.
-A ver -me dijo el farmaceútico-, la píldora anticonceptiva y una pastillas para cortar la lech...
Tomé aire porque me imaginaba lo que venía a continuación: bronca por no dar el pecho. Que es el mejor regalo y tal. Que las defensas y el cáncer de mama. Que cuando das teta la lluvia es de azúcar y las calles de mazapán.
-Sí.
El farmaceútico me miró de arriba a abajo.
-Te veo muy fresca para estar recién parida.
-Bueno, es que no estoy muy recién.
-¿No?
-El niño ya tiene treinta meses.
Que casi dejo la teta porque el bigote me la irrita, jo.
-¿TREINTA MESES? ¿Y cómo has aguantado?
Lo importante no es el cómo. Lo importante es por quién. 





Mamás y futuras mamás del mundo, después de dos lactancias me siento con derecho a daros un consejo:  
Amamantad o no amamantéis, pero no aguantéis m**rd*s de nadie.  
¡Mis tetas, mis reglas! 
¡Viva el teta power! 

12 febrero 2018

BAI-BAI NETITA

Vosotros no lo sabéis porque apenas menciono el tema, pero llevo 30 (TREINTA) meses de lactancia con Bebé-kun.

Los primeros cuatro meses fueron genial por eso de la baja de maternidad y porque estaba todo el día con el niño colgao como un koala, que a mí me da la impresión de que apenas pedía teta pero ahora pensándolo quizá lo que pasara es que cuando la quería la tenía ahí a mano y ni me enteraba.
La afición de Bebé-kun a la teta-en-boca le ganó el apodo cariñoso de "Lechoncillo". Porque llamar "Mamoncete" a tu propio hijo está mal visto, al parecer. 

A partir del cuarto mes yo me incorporé a trabajar y Bebé-kun a la guardería y se desataron las iras de los infiernos. Cuando estábamos juntos, Bebé-kun pedía teta cada dos horas. DÍA Y NOCHE.
Y, lo que es peor: a pesar de las formadísimas opiniones de las viej... ancianas del autobús, el niño no lo hacía ni por vicio ni por joder ni porque quisiera comprobar qué tamaño pueden alcanzar unas tetas humanas, sino porque de verdad lo necesitaba.
No sabéis lo contenta que me iba a trabajar por las mañanas. ¡Ocho horas con las tetas tapadas! No me lo creía ni yo.

La teta cada dos horas día y noche duró hasta los 24 meses.
20 meses dando teta día y noche, sí.
Cada dos horas (salvo cuando me iba a trabajar).
Y oyendo opiniones formadas de doctorados en la Universidad de Métete en tu P*t* Vida y Déjame a mí en Paz, especialidad de Los Problemas de Otro Siempre me Parecen Sencillos de Resolver, rama de Voy Dando Consejos que Nadie me ha Pedido. 

En un momento de desesperación me fui todo un fin de semana sola, pensando que el niño se desengancharía. El niño pasó todo el fin de semana estupendamente, pero en cuanto aparecí por la puerta pidió NETITA como si no me hubiera ido.
Yo en cambio me pasé los dos días afiebrada y con un dolor de tetas del copón. 
Nunca más, nunca más. 

A los 24 meses más o menos Bebé-kun dio un salto madurativo de esos y empezó a dormir sin la teta. Si por la noche se despertaba era siempre ZaraJota el que iba a consolarlo, y por lo que fuera el niño no encontraba apetecible el musculado torso de su padre.
Los pelos. Tiene que ser por los pelos. Si lo llego a saber a los cuatro meses de lactancia me hago un injerto en las tetas y resuelto. 

Poco a poco las tomas se redujeron a una. El niño, que por entonces era capaz de desayunar tres magdalenas, almorzar una lasaña familiar de una sentada y merendar pollo al ajillo (y seguir delgado, el muy c*br*n), no se acordaba de la teta hasta que yo llegaba a casa del trabajo, momento en el que se agarraba a mi pierna llorando a todo llorar y gritando "¡NETITAAAAAAAAAAA! ¡NETITAAAAAAAAAAAA!" como si estuviera al borde de la inanición más absoluta.
No sabéis lo relajante que es dar teta cuando llegas a casa a las siete de la tarde, sabes que el niño se te va a enganchar durante una hora, y que tienes que hacer la cena, preparar cosas para el día siguiente y hacer un mínimo caso al resto de la familia. 
Por no hablar de mear. 
Que tengo el muelle flojo. 

Aquello no podía durar mucho así que le dije a Bebé-kun que si quería teta al menos la pidiera con educación.
A partir de entonces yo entraba en casa y el niño me cogía de la mano.
-MAMÁ, TIÉNTATE -señalaba a la butaca.
-¿Me puedo quitar el abrigo al menos?
-NO. TIÉNTATE -me sentaba en la butaca con el abrigo y todo-. MU BIEN, MAMÁ -encima condescendiente-. NETITA, ALFAVOR.
Y se enganchaba durante una hora (o más).
Pero claro, lo había pedido ALFAVOR y cualquiera le decía que no. 

Así estaban más o menos las cosas cuando me surgieron... eh... cómo decirlo... ciertas complicaciones laborales y empecé a llegar a casa a unas horas que no eran ni medio normales.
Llegaba a casa cerca de las ocho de la tarde y cuando el niño pedía NETITA ALFAVOR le decía que íbamos a cenar enseguida, que papá ya tenía lista la cena, y el niño me miraba en plan pues si la ha hecho papá más motivo para que me des NETITA, que cualquiera sabe, pero bueno, a veces la cena era SISANTES o ALCHITCHAS o POTLLO o TORTITCHA o CHOPA, las comidas favoritas de Bebé-kun, y se olvidaba de la NETITA.
Y luego empezó a olvidarse días enteros sin que hubiera comida de por medio.
Se olvidaba un día y al día siguiente se me enganchaba con desesperación, así que al hacer la media de horas de chupóptero nos quedábamos igual, pero bueno.

Y de pronto, a principios de febrero, se olvidó de la teta durante tres días enteros.
Todavía la pedía de noche, pero le decíamos que la NETITA estaba dormida y que no la podía despertar. Que podía dormir con mamá si quería, pero dormir-dormir.
Y el niño se daba la vuelta y se dormía.
Con la mano en la NETITA, vale, pero se dormía.

Fueron pasando los días y Bebé-kun seguía sin enchufarse. Yo estaba en tensión permanente, y no solo porque sintiera las ubres a punto de explorar, sino porque en cualquier momento podía haber una recaída. El niño pediría NETITA, no conseguiríamos distraerlo, o yo sería débil, o él se pondría malito y el pediatra nos recomendaría seguir... y a tomalpolculo todo el esfuerzo.
Y mi espalda. Que ya pesa por lo menos nueve kilos y medio, la criatura. 

La crisis iba a llegar tarde o temprano, y llegó.
Estábamos en un cumpleaños y Bebé-kun quería un juguete y otro niño también y francamente cuando pesas aproximadamente la mitad que tus amiguitos lo mejor es conformarse con ser una víctima de la vida, pero Bebé-kun todavía no ha llegado a esa conclusión, hubo un refriega y acabó de morros en el suelo.
-¡¡¡BUAAAAAAAAAAA!!!
-Ay, ¿qué ha pasado? -le dije, y lo cogí en brazos.
Bebé-kun me miró de soslayo.
-¿NETITA?
-Ehhh...
-NOOOOOOO, NETITA TA IO A NOMÍ. SHHHHHHHHH... TÁ NUMIENDO NETITA. CUAIET, CUAIET. SHHHHHHHHHHH... BAI-BAI, NETITA.
Pataleó para que lo soltara y se fue a jugar otra vez con sus amiguitos.

Y, como los seres humanos somos el espíritu de la contradicción, a mí se me escapó una lagrimita.




Pd: Bebé-kun lleva 12 días sin NETITA.

05 febrero 2018

Más teletrabajo

La gripe de Nena-chan ha sido eterna.

Se nota que Nena-chan es más mayor y me ha estado dejando trabajar en casa sin mayores problemas: hace un par de años mi teletrabajo consistía en atender a la niña toda la mañana y en cuanto llegaba ZaraJota salir corriendo a la casa vacía de algún familiar para trabajar hasta bien entrada la noche.
En esta ocasión le pude explicar la situación directamente.
-Nena-chan, mamá tiene que trabajar y tienes que estar muy tranquilita. ¿Prefieres pintar o ver una peli?
-Pintar.
 Nena-chan se sentó a pintar a mi lado mientras yo trabajaba.
Aguantó en silencio y a lo suyo un par de horas, pero se ve que al final ya no pudo más con la intriga.
-Mamá, ¿cuándo vas a empezar a trabajar?
-Eh... llevo trabajando todo este rato.
-Jajaja, ¡si solo estás leyendo!
"Solo", dice. "SOLO".
-No estoy solo leyendo. Mira -le dije, y le enseñé un folio todo marcado con correcciones.
-Aaaah, que también pintas con los colores.
-No estoy...
-Es que me habías disido que estabas sasiendo un libro.
-Estoy haciendo un libro.
-Es que los libros no se sasen así.
-¿Ah, no?
-No, porque la seño me ha enseñado a saser libros, ¿quieres que te enseñe?
-Me voy a arrepentir pero sí.
-Pues coges un montón de papeles y los cortas pequeñitos y luego les pones una grapa en un lado y ya está.
-Eh... vale. Bueno, eso es lo que está haciendo mamá: todos estos papeles luego, eh... los coge alguien y, estoooo... les pone pegamento por un lado y hace un libro.
Más o menos.
-Aaaaah... ¿y será un libro bonito o como los que haces tú siempre?
Creo que Nena-chan ya está lista para volver a colegio.

29 enero 2018

Teletrabajo

Nena-chan está con gripe.
Gripa, que dice Necio Hutopo.
Cuando empezó a quejarse pensamos que sería un resfriadillo de un día o dos, pero ha estado en casa una semana.
Y diréis, pues vaya.
Y yo diré, pues vaya también, porque un niño que no va al cole es un adulto que tiene que faltar al trabajo gastando días de sus vacaciones (porque solo es ausencia justificada si el niño está ingresado, y aún así solo tres días, así que si tienes un niño con cáncer, por ejemplo, que por suerte NO es el caso, tu vida laboral está más jodida que Calamardo en El Brillante. "Conciliación", lo llaman).
Bueno.
Pues como resulta que soy una de las afortunadas de la vida que trabajan en un sitio donde lo único que les importa es que trabajes y les da igual si lo haces en la oficina, en casa, en un parque o colgando cabeza abajo del Dragon Kahn, cogí mis papelitos y mis cosas y me fui a casa dispuesta a teletrabajar.
Trabajar en casa con un niño enfermo es fácil: solo tienes que asegurarte de que el niño está lo bastante enfermo. Una buena fiebre que lo deje planchado en la cama es la mejor opción. La afonía también da buenos resultados.
El problema es cuando el niño está enfermo, pero no lo bastante como para dormir todo el día. Como cuando tiene conjuntivitis. O cuando tiene una gripe muy gorda, pero durante un par de horas al día la medicación le hace efecto y se anima.
Por si acaso, decidí preparar el terreno.
-Nena-chan -le dije-, hoy es un día especial porque estás malita y mamá tiene que trabajar... ¿quieres -suspiré- que te deje mi casita de muñecas?
A Nena-chan se le iluminaron los ojitos.
Mi casita lleva cinco años y medio escondida en un armario PARA QUE NI P*T* DIOS LA TOQUE, J*D*R, QUE ES MÍA, reservada para cuando la niña sea un poco más mayor.
-Vale.
-Pero la vas a tratar con cuidado, ¿verdad? Porque COMO LA ROMPAS O DAÑES DE ALGUNA FORMA O MANERA TE JURO POR TÓ LO QUE SE MUEVE QUE TE VOY A DESTROZAR LA VIDA ya eres una niña mayor.
-Claro que sí.
La casita con sus muebles y su conejo.

La niña se puso a jugar y yo me puse a trabajar y al rato apareció Hermano Pequeño, que venía a jugar con la niña un rato para asegurarse de que yo me podía concentrar.
-Anda -le dijo a Nena-chan-, qué casita tan bonita.
-Es de mamá, me la ha dejado porque hoy es un día espesial.
-Ah, vale. ¿Puedo jugar contigo?
-Es que solo hay una muñeca.
-Vaya, es que me gustaría mucho jugar contigo.
-Bueno, puedes ser esta vaca de goma.
-Pero esta vaca no es de Sylvanian...
-LO TOMAS O LO DEJAS.
-Vale, vale... 'Hola, soy una vaca'.
-Las vacas no hablan.
-¡Tú eres un conejo!
-Pero soy un conejo MAMÁ.
-¿Y las vacas qué son?
-Pues vacas -ojos en blanco de Nena-chan.
-Bueno, al menos déjame que entre en la casita.
-No, no...
-Ahora no me digas que las vacas no entran en la casa PORQUE MIRA, TÚ ERES UN CONEJO.
-¡Un conejo mamá!
-LOS CONEJOS SE COMEN LAS CORTINAS.
-¡No es verdad!
-Y hacen CACA.
Vale, me lo estoy inventando todo. Pero fue más o menos así, y me estaban poniendo la cabeza como un bombo.
-Bueno, se acabó -les dije-. Si bajo a la juguetería -vivimos muy cerca de una, es horrible- y subo otro conejito, ¿ME DEJARÉIS VIVIR?
-Vale.
Bajé a la juguetería.
Ya sé lo que me vais a decir: comprar el buen comportamiento de los hijos con juguetes está MAL.
Pero técnicamente no estaba comprando el buen comportamiento de mis hijos, sino el de Hermano Pequeño, así que no pasa nada.
La señora juguetera me enseñó el conejo un conejo, pero entonces vi esto:

Y pensé, mira, ya que voy a comprar el buen comportamiento de Hermano Pequeño, al menos lo quiero ver dándole a la escobilla con el conejo.
Pero cuando llegué a casa y abrimos la caja resultó que el baño no traía conejo incluido.
Hermano Pequeño se d*sp*ll*b*.
-¿No se te ha ocurrido mirar si el muñeco estaba incluido?
-¡No! ¡He visto la escobilla y he pensado que ya no se le podía pedir más a la vida!
-Pues sigo sin tener muñeco!
-Pero ahora puedes jugar a ser UN VÁTER.
-Lo has hecho aposta, ¿verdad?
A Hermano Pequeño intentó ser un váter durante un rato pero la experiencia debió ser una m**rd* (ja, ja) porque al rato se fue.
Eso o que tenía que trabajar, o un examen o una operación de cerebro, yo qué sé, si la mitad de las veces no le escucho cuando habla.
Nena-chan se quedó jugando con la casita tranquilamente, tan tranquilamente que estuve trabajando un par de horas en absoluto silencio, y de hecho habría seguido más si no llega a ser porque estiré la mano para coger el marcador amarillo y no estaba en el punto exacto donde suelo dejarlo QUE ES EXACTAMENTE SU SITIO Y NO ME VENGÁIS CON QUE TENGO MANÍAS PORQUE NO PODÉIS DEMOSTRARLO.
Miré entonces un poco más lejos y vi a Nena-chan con el rotulador en una mano y el conejo en la otra.
-¡Pero Nena-chan! 
-¿Qué?
-¿Qué le has hecho al conejo? 
-Nada. 
-¿Y por qué es fosforescente?
-Ah, lo he pintado con el rutulador. 
-¡Te dije que trataras la casita con cuidado!
-Por eso he pintado EL CONEJO.  
Bien pensado, tiene razón. 

22 enero 2018

Jacinta

Hoy estoy muy cansada y no tengo ganas de contaros mi vida; mejor os cuento un cuento.




Había una vez una niña que se llamaba Cuchufleta María Centolla Rebelde Frufrú, pero todo el mundo la llamaba Jacinta porque es que en los pueblos son así.
Jacinta vivía en un pueblo tan pequeño tan pequeño tan pequeño tan pequeño que cada vez que estornudaba el trasero se le salía del término municipal; por eso Jacinta intentaba no estornudar de noche, porque si lo hacía su madre le gritaba que qué estaba haciendo en el campo a esas horas. Con la helada que está cayendo, chiquilla, y tú en pijama.
Un día la madre de Jacinta la mandó a comprar el pan.
Obviamente el pan se compraba en el pueblo de al lado, porque los hornos suelen ser muy grandes y en el pueblo de Jacinta no cabía ninguno, y además el alcalde estaba a dieta y no podía ser.
Jacinta tenía de obediente lo que un zapato de sabroso, pero le gustaba el pan, así que obedeció a su madre de inmediato. Salió del pueblo y empezó a andar hacia el pueblo de al lado mientras cantaba una canción que se le había pegado de Kiss FM.
El pueblo de al lado no estaba lejos, porque como su propio nombre indica estaba al lado.
A unos cinco metros o así.
Lo que pasa es que la gente de los pueblos está acostumbrada a las distancias cortas y cualquier cosa se les hace un mundo, que parece que les cobraran por pasos o algo.
Jacinta entró a la panadería y descubrió con desesperación que había por lo menos tres personas más esperando para comprar el pan.
Estaba claro que iba a perder toda la mañana con aquello, bufó para sus adentros, mientras miraba de reojo si podía sentarse en algún lado. El panadero, en previsión a las multitudes que solían agolparse en su tienda, había puesto dos sillas de plástico, pero por supuesto estaban ocupadas.
Jacinta maldijo su suerte mientras observaba al primer parroquiano pedir el pan.
-Una barra.
-Son cincuenta céntimos.
-Aquí tiene. Gracias, hasta luego.
-Gracias, hasta luego.
El segundo parroquiano se levantó de la silla y se aproximó al mostrador.
Jacinta volvió a bufar.
-Una barra -dijo el parroquiano.
-Cincuenta céntimos.
-Hasta luego.
Jacinta empezó a dar saltitos, cambiando su peso de un pie al otro.
¿Es que esto no se acababa nunca?
-Una barra -dijo el tercer parroquiano, levantándose de su silla.
-Cincuenta céntimos.
-Aquí están.
-Gracias, hasta luego.
Jacinta se lanzó sobre el mostrador con desesperación.
-¡Una barra! ¡Aquí están los cincuenta céntimos! ¡Hasta luego!
Con la barra en la mano, salió corriendo a la calle.
Por fin. Ya podía volver a su pueblo.
Iba por la carretera tan contenta y distraída cuando vio un hada que venía de frente por el mismo arcén que ella.
A Jacinta aquello le pareció rarísimo: lo correcto es que los peatones circulen por el arcén en sentido contrario al de la circulación de los coches, esto es, el arcén de su izquierda según el sentido de su marcha. ¡Y el hada venía por el arcén de su derecha! 
-¿Pero qué haces, sulnolmal? -le gritó amablemente Jacinta.
-He venido a concederte un deseo -le dijo el hada llegando a su altura.
-Pues haber venido antes y me habría ahorrado bajar a por el pan.

Fin.

15 enero 2018

El Ratoncito Pérez

Llamadme loca, pero cuando algo tiene una web tan cutre como la de la Casa Museo del Ratoncito Pérez empiezo a pensar en que si la imagen que ofrecen al mundo exterior es así como estará lo que no se ve, como, por ejemplo, el sistema de prevención de incendios, la limpieza de las alfombras o (me estremezco solo de pensarlo) el baño.
A pesar de eso, como Nena-chan ha cogido carrerilla con esto de caérsele los dientes, y el Ratoncito ya nos ha visitado exitosamente, pensamos que sería buena idea llevarla a la Casa Museo.
La web advierte que es recomendable reservar, pero también dice que no se puede reservar ni por teléfono ni por internet, hay que ir directamente allí, que no sé a vosotros, pero a mí hacer media hora de trayecto con los dos niños y subir el carrito a pulso un piso solo para comprar las entradas me da una pereza loca.
Pero bueno. He hecho cosas peores y más locas y todas con el carrito a pulso y la teta al viento, así que me fui para allá pensando que por los niños podía pasar por alto que la web sea una patata, que el sistema de reservas sea cutre, que no haya ascensor y que lo poco que se ve desde fuera dé mucho repelús, pero una vez allí vi que iban apuntando las reservas en un cuaderno y pensé, mira, os lo puedo perdonar todo, pero que despreciéis el excel, no.
Y no hemos vuelto.
No parece que el Ratoncito se haya ofendido por el desprecio, porque esta semana a Nena-chan se le ha caído otro diente.
Una vez más se le ha caído en el comedor del colegio y las cuidadoras lo han recogido en una servilleta porque la vida es así y los niños del siglo XXI van por ahí dejando que sean extraños los que les recojan del suelo las partes del cuerpo que van perdiendo.
El problema es que al llegar a casa el diente no estaba.
Pensé que la niña se lo iba a tomar mal, pero estaba supertranquila.
-Bueno -le dije-, si quieres podemos escribir una nota para el Ratoncito Pérez, explicándole que se te ha perdido el diente.
-Podemos firmarla todos como testigos -dijo ZaraJota-. Seguro que en el colegio tienen algún impreso para eso. ¿Te parece bien?
-No -nos dijo Nena-chan-, mejor que mamá me haga una fotos del bujero de la boca y se la mande al Ratoncito Pérez por el móvil.
Ay, bendita inocencia. ¿Cómo le vamos a enviar la foto por internet, si no admite ni las reservas?

08 enero 2018

Dubi dubi dubi du

Como viene siendo habitual, me he pasado las últimas dos semanas de vacaciones con un resfriado muy gordo.
Me habría venido muy bien endrogarme un poco y eso, pero como nunca adivinaréis a quién no he destetado no me dejan.
Y cuando digo que no me dejan es que no me dejan, al margen de lo que diga e-lactancia, que será muy de fiar pero no tiene ni mi historial ni el de Bebé-kun a mano.
Así que un año más (y van tres) me ha tocado pasar el catarrazo a pelo, y un año más ha derivado en una afonía total, y un año más me viene fatal, porque vuestros hijos no sé pero los míos se activan por voz: a Nena-chan ya le puedes poner el desayuno delante, que si no le repites "desayuna" ochenta y tres (las he contado) veces no desayuna porque cómo va a saber ella que los cereales son para comérselos, oye, que lo mismo se los has puesto para que les escriba un poema, yo qué sé, que la chiquilla no es adivina.
Y lo mismo pasa con Bebé-kun, que desde que le hemos quitado el pañal avisa cuando tiene pipí pero no va al orinal si no le digo "corre al orinal", que me estoy pensando hacerle un poder notarial asegurándole que puede usar el orinal cuando quiera.
En fin, lo que intento decir es que afonía y maternidad no son buena combinación.
Y afonía, maternidad y dos semanas de vacaciones, menos.
Así que recurrí a una web que te lee en voz alta el texto que escribas.
Ay, el siglo XXI es maravilloso.
La abrí en el móvil y escribí: "Hola, Bebé-kun"
-HOLA MAMÁ -contestó Bebé-kun, aparentemente incapaz de distinguir la voz del robot de la mía.
"Te quiero mucho"
-ERO MUCHO.
Y acto seguido me quitó el móvil de la mano y le plantó un beso.
¿Qué coj...?
Bueno, al menos Bebé-kun no parecía traumatizado por la repentina deshumanización de nuestra relación materno-filial.
Entonces probé con Nena-chan.
"Nena-chan, ¿has terminado de desayunar"
Como su hermano, Nena-chan me quitó el móvil de las manos, se lo puso en la oreja y contestó muy seria:
-No.
Empezaba a sospechar que aquello no estaba funcionando del todo como yo quería. Y encima me estaba poniendo celosa del móvil, que ya llevaba media docena de besos por parte de Bebé-kun así porque sí.
Pero claro, tampoco tenía elección.
"Venga, vamos a lavarnos los dientes", escribí.
Los niños decidieron ignorar aquella instrucción en concreto, así que volví a darle al play.
"Venga, vamos a lavarnos los dientes"
Nada.
"Venga, vamos a lavarnos los dientes".
A fuera de repetir la grabación una y otra vez me dí cuenta de que aunque el lector está muy conseguido, no lograba reproducir del todo las inflexiones habituales del habla. Le faltaba ritmo.
Así que añadí:
"Dubi dubi dubi du"
Cuatro veces. Resultando en:
"Venga, vamos a lavarnos los dientes
Dubi dubi dubi du
Dubi dubi dubi du
Dubi dubi dubi du
Dubi dubi dubi du"
Los niños seguían sin lavarse los dientes pero se reían mucho y la risa es muy sana también, probablemente incluso más que lavarse los dientes.
Estuve con el lector todo el día sin problema, hasta que llegó ZaraJota.
-¡Apaga eso de una vez!
"Si solo te he dicho las cosas que hay que comprar"
-¡Pero has escrito cuatro "dubi dubi dubi du" entre cosa y cosa!
Desde luego siempre hay quien le pone pegas al progreso.